20 EL VERDUGO INCOMPETENTE DE NUREMBERG


                                                                           ¨...Lo único que lamento es que ese Göring se me escapara,                                                                                                          habría sabido estar a su altura¨.                                                                        

                                                                                                (John Clarence Woods)            

                                                                                                                                          

     Tras el final de la Segunda Guerra Mundial los crímenes de guerra eran tan extensos que las fuerzas aliadas victoriosas determinaron que era necesario imponer algún tipo de castigo a los responsables de engendrar aquella maquinaria de destrucción y exterminio contra la humanidad. Al final se consideró que un juicio realizado por un Tribunal Militar Internacional (IMT) sería importante como ejemplo al mundo de lo que no debería volver a suceder.

                                                                        Palacio de Justicia de Nuremberg

      Así se llevaron a cabo entre el 20 de noviembre de 1946 y el 1 de octubre de 1946 los llamados Juicios de Núremberg. La ciudad fue escogida como sede por su valor simbólico ya que esta ciudad en Baviera había sido escenario de los multitudinarios desfiles y mítines políticos de los nazis en la antesala de la Segunda Guerra Mundial. También había una razón pragmática al disponer de un Palacio de Justicia con una prisión anexa que había sobrevivido a los bombardeos aliados.

                                                                            Calabozos de la prisión de Nuremberg

     Los cuatro fiscales principales de Estados Unidos, Francia, Unión Soviética y Gran Bretaña presentaron acusaciones contra 24 oficiales nazis de alto rango. Entre los acusados se encontraban Hermann Goering (sucesor designado por Hitler), Rudolf Hess (segundo líder del Partido nazi), Joachim von Ribbentrop (ministro de asuntos exteriores), Wilheim Keitel  (jefe de las fuerzas armadas), Wilheim Frick (ministro del interior), Ernst Kalterbrunner (jefe de las fuerzas de seguridad), Hans Frank (gobernador de la Polonia ocupada), Konstantin von Neurath (gobernador de Bohemia y Moravia), Erich Reader (jefe de la marina), Karl Doenitz (sucesor de Reader), Alfred Jodl (comando de las fuerzas armadas), Alfred Rosemberg (ministro de los territorios orientales ocupados), Baldur von Schirach (jefe de las juventudes hitlerianas), Julius Streicher (editor antisemita), Fritz Sauckel (jefe de los trabajos forzados), Albert Speer (ministro de armamento) y Arthur Seyss-Inquart (comisionado de los Países Bajos ocupados). Martin Bormann (secretario de Hitler) sería juzgado en ausencia.

                                                                    Juzgados en Nuremberg

    Doce de ellos fueron condenados a morir en la horca. El elegido como verdugo por el coronel Burton C Andrus fue John Clarence Woods (1911-1950). De raíces Irlandés, unos sitúan su lugar de nacimiento en Wichita (Kansas) aunque otros lo hacen en San Antonio (Texas), Los pormenores de su vida siguen al día de hoy generando cierta controversia. En cualquier caso, tuvo una infancia más que turbulenta. De familia desestructurada, con 18 años se alistó en la Marina donde desempeñó sus tareas en el  ¨USS Saratoga¨ de donde desertó siendo capturado y sometido a examen psiquiátrico siendo diagnosticado de ¨inferioridad  psicopática sin psicosis¨, término muy utilizado en la época para la mayoría de los trastornos mentales por lo que fue dado de baja, lo que le libró de cumplir una dura condena en el juicio al que fue sometido y expulsado con deshonor. Durante unos años se le pierde la pista que coincide con la Gran Depresión en Estados Unidos aunque parece que trató de reconstruir su vida en Kansas, donde contrajo matrimonio, aunque breve y sin descendencia. Su esposa nunca supo de su trabajo como verdugo.

                                                                           John Clarence Woods (1941-1950)

       Una década después en 1943 y a los 32 años, volvió a reincorporarse al Ejército gracias a que no detectaron sus antecedentes anteriores y a que la necesidad de personal hacía que apenas hubiera controles. Tras su adiestramiento, fue destinado a principios de 1944 a un batallón de ingenieros de combate en Inglaterra para participar en el desembarco de Normandía en 1944. A partir de entonces dio tumbos por el norte de Francia en varias Unidades hasta que en otoño de 1944 ante el requerimiento imperioso dentro del ejército para ejecutar a los condenados, se presentó como voluntario a verdugo del Tercer Ejército de los Estados Unidos, afirmando, que tenía experiencia anterior en Texas y Oklahoma. Estaba mintiendo, pero nadie pudo hacer las comprobaciones pertinentes y se le ascendió en un día a Sargento mayor. Era bajo y corpulento, siendo definido por otro verdugo de la época, Herman Obermayer, ¨como un hombre alcohólico y, en su día vagabundo. Con los dientes torcidos y amarillos, un aliento asqueroso y desaseado que no se afeitaba. La gorra siempre arrugada y descolocada, los pantalones y zapatos siempre sucios, llevaba la misma chaqueta durante semanas, incluso a veces parecía que dormía con ella puesta¨.

     Al final de la contienda y antes de Nuremberg sus jefes lo destinaron a París donde ejecutó a 34 soldados estadounidenses por deserciones o distintos excesos como violaciones a mujeres francesas o asesinatos, aunque los informes del ejército estadounidense sugieren que Woods participó en al menos 11 ahorcamientos fallidos de soldados estadounidenses entre 1944 y 1946, algo que pone de manifiesto su falta de pericia para este oficio. En esos cinco años como verdugo se estima que ajustició a más de un centenar de personas con una absoluta indiferencia.

                                                                                             Woods explicando a periodistas su depurada técnica 

     Mientras Woods hacía sus pinitos como verdugo se celebró el Juicio de Nuremberg cuyo tribunal militar internacional (IMT) estaba formado por jueces de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Unión Soviética. El 1 de octubre de 1946 se produjo el veredicto en donde doce prominentes nazis fueron condenados a muerte (Goering, Ribentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Frank, Frick, Streicher, Sauckel, Jodl, Seyssinquart y Bormann). Las sentencias de muerte se llevarían a cabo el 16 de octubre de 1946, con dos excepciones: Goering se suicidó poco antes de la fecha de su ejecución y Bormann condenado en ausencia se encontraba desaparecido.

           

                                                                  Keitel y Kalterbrunner en la prisión 

     Goering era el primero de la lista, había intentado hasta el último momento de que su ejecución fuera por un pelotón de fusilamiento, pero Whitney Harris, uno de los fiscales estadounidenses, se negó y exigió que se les ejecutase ¨como a delincuentes comunes¨. Por ello, Goering, esa noche le pidió al guardia de que fuera al cuarto donde se guardaban sus pertenencias y le llevara alguna. Una hora después, se había suicidado ingiriendo una capsula llena de cianuro, que tenía secretamente escondida en alguna de sus pertenencias. El sargento Woods, al conocer de la muerte de Goering, se lamentó por perder la oportunidad de colgar a un infame criminal de guerra, pero no le distrajo del cumplimiento de su trabajo. En cualquier caso sus superiores decidieron ponerle una discreta vigilancia con el objetivo de asegurarse de que no apareciera borracho en las ejecuciones. 

     En la mañana del 15 de octubre de 1945, muy temprano cuando los reos se encontraban sentados en la mesa, su desayuno fue interrumpido por un soldado del ejercito norteamericano con la excusa de pedirles un autógrafo. Se trataba de John Woods el verdugo encargado de sus ejecuciones, cuya intención real era calcular el peso corporal de tres de los cinco condenados a muerte y así calcular la longitud necesaria de las sogas. El cálculo no debió ser muy bueno cuando algunos prolongaron su agonía más allá de la necesario como quedó de manifiesto pocas horas después. Woods negó siempre que los errores hubieran sido premeditados.   

    En el gimnasio del Palacio de Justicia de Nuremberg durante la jornada del día 15 de octubre se levantaron tres toscas horcas encargadas de llevar hasta el otro mundo a los condenados. La idea era utilizar alternativamente dos de ellas. La última quedaría en reserva por si fallaban alguna de las otras dos. Las plataformas estaban ubicadas a ocho pies de distancia, a ocho pies sobre el suelo, y median ocho pies cuadrados. De cada plataforma se alzaban dos pesadas vigas, que sostenían un travesaño pesado, con un gancho para la cuerda en el medio. Una palanca discreta servía para abrir las trampillas. El espacio debajo de las trampillas estaba oculto por cortinas. 

  
                           Patíbulo norteamericano en la prisión de Landsberg (muy similar al de Nuremberg)

   El ritual de Woods era siempre el mismo, comenzaba cuando dos miembros de su equipo recogían en sus celdas a los condenados y los llevaban hasta detrás del patíbulo. En ese momento, las manos de los prisioneros eran atadas a su espalda con una cinta de seda negra. Dos soldados acompañaban al reo a subir las escleras del cadalso, luego un capellán o sacerdote llevaba a cabo una breve ceremonia y le preguntaba al condenado si tenía algo que decir, algunos lo hicieron otros no. Joachim von Ribbentrop tras un ¨Dios proteja a Alemania¨ pronunció un breve alegato. Ernst Kaltenbrunner se despidió con un ¨Buena suerte, Alemania¨. Hans Frank fue más clásico al acordarse de la misericordia divina. Wilhelm Frick se fue con un vulgar ¨Larga vida a la eterna Alemania¨.

     Con Julius Streicher comenzaron los problemas, ya durante el show que montó, gritó ¨¡Heil Hitler y  ¨Algún día, los bolcheviques os colgaran a vosotros´ y fue subido al patíbulo a empujones. Cuando la trampilla con gran estruendo se abrió y cayó al vacío pateando y balanceándose violentamente hacia los lados y sus gritos resonaron por toda la sala. Woods tuvo que bajar a la parte inferior de la plataforma colgándose de los pies para provocar el ahorcamiento, falleciendo finalmente con gran agonía. Jodl fue breve y poético: ¨Yo te saludo, Alemania mía¨, pero también hubo dificultades técnicas y tardó 24 minutos en morir. Tampoco le fue demasiado bien a Maser que tardó bastantes minutos en morir.

                                     Algunos ejecutados en Nuremberg por Woods, excepto el primero Goering                                                                                        (que se suicidó con cianuro la noche antes)

      En la revista LIFE, John Stanton, sobre las ejecuciones decía que ninguno de los condenados mostró cobardía y tampoco murieron haciendo el saludo nazi, pero porque tenían las manos atadas¨. Kingsbury Smith, periodista del Servicio Internacional de Noticias acreditado , escribió que los condenados ¨se esforzaron en mostrar valentía¨. Todas las descripciones de los hechos que se han reproducido en libros de historia proceden de la crónica de este periodista.

    Cuando los condenados terminaban de hablar, el sargento Woods colocaba una capucha sobre sus cabezas mientras que su asistente amarraba los pes del prisionero con una correa trenzada de hierro galvanizado y lo colocaba sobre la trampilla. A continuación el sargento Woods colocaba el lazo de la soga alrededor del cuello y luego lentamente se tomaba unos treinta segundos en ajustarlo y esperaba, una señal silenciosa, un asentimiento con la cabeza, del oficial al cargo, una vez producida esta orden, Woods retrocedía unos pasos y accionaba la palanca que abría la trampilla bajo los pies del condenado. Como la longitud de la cuerda necesaria no fue bien calculada a alguno de los ejecutados no se les rompió el cuello en el momento de abrirse la trampilla, produciéndose una lenta agonía por asfíxia, desde los catorce minutos de Ribbentrop, a los veinticuatro de Keitel. La prensa británica informó de los citados problemas de longitud de la cuerda  y de que, encima, los condenados se daban con la cabeza en la pequeña trampilla al caer.  

                             

                                   Frick con restos de sangre detrás de la cabeza tras golpearse con la trampilla

  A la una de la madrugada del día 16 de octubre comenzaron las diez ejecuciones, sobre las 02:15 horas el trabajo había terminado. Después sus cuerpos tras ser examinados por un médico forense, los recogía Rex Morgan, jefe funerario del ejército americano en Europa, que se encargaba de introducirlos en los ataúdes y se les tomaban las fotos que han quedado para la historia. No hubo unanimidad a la hora de hacer públicas las fotografías. Los británicos se negaron y, de hecho, la prensa del Reino Unido no dio las imágenes. Del mismo modo, se prohibió publicar las fotos en la prensa alemana, aunque circularon en la prensa extranjera que se difundía en Alemania. 

   Cuando tiempo después fue preguntado el sargento Woods si las ejecuciones había tenido algún efecto sobre en él, contestó: ¨Fue un trabajo. Esos nazis no significaban nada para mi. Fueron solamente criminales con capucha¨. Cuando la revista Time le preguntó si había estado nervioso contestó ¨Un hombre no puede permitirse el lujo de ponerse nervioso en este negocio¨.

    ¿Sadismo deliberado?: Algunos historiadores y testigos han especulado si las acciones de Woods se debieron a la incompetencia o a un motivo más siniestro. Su aparente orgullo por su trabajo, sumado al sufrimiento visible de los ejecutados, dio pie a rumores de que Woods disfrutaba perversamente de su papel. Sin embargo, la prueba definitiva de sadismo sigue siendo difícil de encontrar.

   Cinco años después, el 21 de julio de 1950, cuando Woods estaba destinado en una brigada de ingenieros  que trabajaba en las pruebas nucleares que Estados Unidos en el Pacífico moriría en el atolón de Eniwetok  en  las Islas Marsall de un extraño accidente, cuando tocó un cable en los trabajos que realizaba como como carpintero quedó electrocutado. Las circunstancias de su muerte no recibieron mucha atención pública en su momento y se publicaron pocos informes detallados, lo que contribuyó al misterio en torno a la naturaleza exacta del accidente.

    Su fallecimiento, al igual que su vida, fue repentino y dramático, añadiendo otra capa de intriga a su ya enigmática personalidad. Cuenta la leyenda que en este lugar habían contratado bastante personal alemán trabajando en el proyecto nuclear. El sargento Herman Obermayer, años después periodista, dijo estar convencido de que ¨se lo cargaron exnazis¨. Su cuerpo fue repatriado y descansa, si es que puede, en cementerio municipal de Toronto (Kansas).

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